Dr. Emilio Zermeño Torres
Universidad Iberoamericana
Resumen
n este trabajo se sintetiza el pensamiento de grandes pensadores y científicos de la psicología. Se asume que este conocimiento es imprescindible para poder entender el qué, cómo y objeto de la psicología contemporánea. Se procuran extraer las principales ideas o tesis de eminentes pensadores que de alguna manera tuvieron aportaciones más directas a la psicología y determinaron su evolución y concreción en las diferentes escuelas contemporáneas de psicología.
En este análisis se parte haciendo una síntesis de los movimientos intelectuales de la Grecia filosófica. Enseguida se revisan algunos de los grandes filósofos de la Edad Moderna como Descartes, Pascal, Spinoza, Hobbes y Locke, Leibniz, Hume, Hartley, el movimiento de la Ilustración, los movimientos de reacción a éste y Kant.
Para concluir, se revisan los pensadores representantes de las tres psicologías fundacionales más importantes: la psicología de la Conciencia, la psicología del Inconsciente y la psicología de la Adaptación.
El objetivo de este trabajo es elaborar una síntesis del pensamiento de grandes filósofos y pensadores que, con su análisis y estudio sobre la naturaleza humana, han contribuido al desarrollo de la psicología. Se expone a continuación un resumen de las tesis más importantes de connotados filósofos y científicos que de alguna manera constituyen la piedra angular sobre la que se fundamentan las diferentes teorías y modelos de la psicología contemporánea.
Esperamos que esta exposición ayude al psicólogo a reconocer la herencia histórica de su modelo teórico, y al no psicólogo, a comprender el porqué de la gran diversidad de escuelas y modelos de la psicología del siglo XX. Enfatizamos en este trabajo que representa sólo una síntesis que sirva al lector como marco de referencia para orientarse históricamente en el vasto mundo de las ideas psicológicas.
Al interesado en mayor profundización, le recomendamos acudir a las fuentes de donde fue extraída esta información. La columna vertebral de este trabajo la constituye la Historia de la Psicología de Thomas Leahey. Otras obras clave son The Great Psychologists de Robert Watson, Historia de la Psicología de Fernand‑Lucien Mueller, e Historia de la Psicología Experimental de Edwig Boring.
Otra idea que me parece muy importante para la elaboración de este trabajo es que, para lograr entender la identidad de la psicología actual como ciencia y profesión, es necesario remontarse al pasado. Sólo mediante una auscultación histórica del pensamiento de grandes filósofos y científicos que de alguna forma se interesaron más por el humano en cuanto ser que piensa, se emociona, planea y convive socialmente con sus semejantes, se logrará entender mejor qué es la psicología y el porqué de sus teorías y modelos actuales.
I. Grecia Filosófica
Ya la Ilíada y la Odisea describen propiamente la acción humana y muestran el sentido común de la Grecia prefilosófica. Psicológicamente, el ser humano era concebido como un ser sin autocontrol; su control pertenecía a las deidades y al destino. En este tiempo aún no se desarrollaba una filosofía estructurada respecto al ser humano y su mundo circundante.
En la misma Grecia antigua, el siguiente acontecimiento más importante fue el desarrollo de dos posiciones o modelos contrapuestos sobre el ser humano: la filosofía del Ser y la filosofía del Devenir. En estos dos polos oscilarán constantemente los modelos psicológicos posteriores, incluso en la época actual. Ambos fungen como raíces de muchas de las posturas psicológicas opuestas actualmente existentes, como la psicología conductista y la psicología fenomenológica.
En la filosofía del Ser, representada por Parménides, se concebía a la persona como un ser inmerso en un mundo de valores y verdades eternas e inmutables, captados principalmente por la razón. Los cambios percibidos por los sentidos sólo son apariencias sujetas a la ilusión y al error. Este punto de vista sobreenfatizó la importancia del pensamiento racional en el conocimiento.
Heráclito, en su filosofía del Devenir, desarrolló la idea de que las verdades inmutables no existen y que lo único verdadero en el universo es el cambio. Los sentidos y las experiencias jugaban un papel fundamental en el proceso del conocimiento.
Sin embargo, el impacto más importante de la filosofía antigua sobre la psicología moderna proviene de las filosofías más sistematizadas de Sócrates, Platón y Aristóteles. Sócrates y Platón, con su filosofía del racionalismo y del ser, fomentaron una visión dualista del ser humano y atribuyeron a las capacidades racionales la mayor importancia en el proceso del conocimiento.
Platón preconizó la separación del cuerpo y del alma, y concibió la vida psíquica (vida del alma racional) como independiente de la vida del cuerpo (alma impulsiva y alma pasional). El cuerpo suministra una imagen imperfecta y relativa del mundo en permanente cambio, una imagen que no puede llamarse conocimiento. La actividad racional, en cambio, conduce al dominio de la verdad.
Aristóteles, con su filosofía del empirismo y del desarrollo, abogó por la realidad del mundo sensible y por la valía de la percepción sensorial. A diferencia de Platón, asumió una concepción naturalista de la relación mente‑cuerpo, en la que el alma es inseparable del cuerpo; el alma es la forma del cuerpo. A partir de la experiencia con los objetos, cuyo conocimiento se efectúa a través de la mente, se llega a la verdad.
Estos primeros paradigmas sobre el ser humano son la raíz de dos grandes posiciones psicológicas contemporáneas. Por un lado, las corrientes racionalistas dudan que el verdadero conocimiento proceda de la percepción y se vuelven hacia la razón y las ideas innatas en busca de la verdad. Por otro lado, los empiristas buscan la verdad en el exterior, confiando en que las experiencias sensoriales presentan datos suficientes para construir la realidad objetiva. Como afirma Leahey, “el racionalista teme las ilusiones del sentido; el empirista, los engaños de la razón”.
En los primeros siglos posteriores a Cristo y hasta el siglo XIV, la psicología se desarrolló esencialmente como una disciplina filosófica y racionalista. Los esquemas importantes del pensamiento se fundaron en los modelos filosóficos de Platón y Aristóteles. Durante esta época no se desarrollaron prácticamente nuevos esquemas de pensamiento ni nuevas filosofías.
II. Grandes Filósofos de la Edad Moderna
En la Edad Media el pensamiento cristiano tuvo una influencia preponderante; primero se desarrolló la filosofía de San Buenaventura, quien asumió una posición tajantemente dualista y platónica del cuerpo y del alma. Sin embargo, su platonismo, en opinión de Leahey, terminó por ser superado por el aristotelismo de Tomás de Aquino. Este se esforzó por reconciliar el naturalismo científico de Aristóteles con las enseñanzas de la Iglesia. Según Leahey, “Tomás de Aquino acabó arruinando la síntesis medieval pues su filosofía no fue una búsqueda sin trabas de la verdad, sino una ciencia cristiana, limitada por las fronteras de la creencia”. El mismo autor considera que la obra de Tomás de Aquino marca la culminación de la síntesis medieval y el inicio de la separación entre razón y revelación.
Después de la influencia de los filósofos cristianos del medioevo, aparecieron los grandes filósofos de la Edad Moderna del siglo XVI. En este siglo se crearon concepciones filosóficas abiertamente nuevas, que inclusive prescindieron de los autores clásicos. Entre los filósofos más connotados se encuentra René Descartes (1596–1650). Descartes elaboró una concepción dualista, mecanicista y racionalista del ser humano. Se basó en su aforismo “pienso, luego existo”. Descartes encontró la fuente de la verdad en su propia razón innata, por lo que se le considera fundamentador del racionalismo moderno.
No obstante su enconado racionalismo, fue un psicólogo especulativo. En opinión de Mueller, su mecanicismo lo llevó al estudio empírico del ser humano a través de un enfoque psicofisiológico. Boring también lo reconoce como el iniciador de la psicología fisiológica de los reflejos, pues fue el primero que empezó a estudiar este tipo de fenómenos en el ser humano.
Darwin aplicó directamente su teoría de la evolución para comprender al ser humano. Entre sus contribuciones más específicas a la psicología se encuentra el haber llevado un diario —posteriormente publicado— sobre el desarrollo de su hijo. Este puede ser considerado como una de las fuentes para el comienzo de la psicología infantil moderna (Watson, op. cit.). Darwin estudió también las expresiones emocionales en animales y en el hombre (Darwin, 1872). Este tratado puede conceptuarse como eminentemente psicológico y como un impulsor elemental de las monografías actuales sobre comunicación no verbal (vgr. Knapp, 1980).
Sin embargo, la influencia de Darwin en la psicología fue de mayor envergadura. El darwinismo influyó no sólo como hipótesis científica, sino que además contribuyó al desarrollo de una nueva concepción filosófica y científica sobre el ser humano. Esta nueva concepción se convertiría en piedra angular de la psicología fundacional de la Adaptación. Una vez aceptada la evolución, cabía preguntarse cómo la mente y la conducta —en cuanto distintas a los órganos corporales— ayudan a cada criatura a adaptarse a su entorno. Por otro lado, el darwinismo dio origen y promovió la psicología de las diferencias individuales (hoy psicometría o psicología diferencial), desarrollada posteriormente por su sobrino Galton.
Sin embargo, estas posiciones radicales —el naturalismo radical y el cientificismo a ultranza— dieron origen a su propio descrédito entre algunos grandes pensadores y científicos famosos. La reacción consecuente fue el nacimiento de movimientos intelectuales denominados por Leahey como “Rebelión Romántica”.
El movimiento romántico promovió el surgimiento de varias concepciones importantes, entre ellas la del inconsciente. El filósofo Schopenhauer postuló que la voluntad es la realidad nouménica oculta tras las apariencias. Este concepto de voluntad anticipa al Id de Freud. También, comenta Leahey, prefiguran a Freud aquellos escritores que vieron en los sueños el lenguaje del inconsciente, que sólo precisaba ser descifrado para revelar los secretos del infinito. El influjo de Schopenhauer se evidencia también en la psicología de la conciencia de Wundt, pues éste hace gran hincapié en la capacidad de la mente para organizar su propio contenido, forma de voluntarismo que contrasta radicalmente con la pasividad del asociacionismo (Leahey, op. cit.).
Leahey documenta también otros movimientos que, al igual que la Rebelión Romántica, pueden considerarse reacciones contra el naturalismo desmedido. Entre éstos se encuentra el Mesmerismo, desarrollado por Mesmer (1734–1815) y posteriormente transformado en el Hipnotismo de Braid (1795–1860); la Frenología, primera psicología fisiológica elaborada por Gall (1758–1828), que postulaba que las facultades de la mente son localizables y que la personalidad depende del contorno del cerebro; y el Espiritualismo e Investigación Psíquica de Meyers (1843–1905), que consistió en una especie de parapsicología actual. Cada uno de estos movimientos entraña algo de ciencia, magia y religión. Se afirma que brindaron también una vía de acceso a la parte ignota del ser humano, consejos prácticos y una esperanza de salvación en este mundo. Posteriormente, el mismo psicoanálisis —de acuerdo con los historiadores de la psicología— debe su origen y popularidad a estos movimientos de reacción.
Kant es considerado también un rebelde romántico. Kant (1724–1804) revivió la tradición racionalista y con ello el interés por la metafísica. Fundamentalmente postuló la existencia de ciertas cualidades perceptivas y cognitivas innatas del ser humano, que permiten estructurar activamente la experiencia y convertirla en cognoscible. Kant apenas mostró interés por la psicología, pero elaboró una psicología del sentido común que denominó antropología. Esta la dividió en fisiológica —que se ocupa del cuerpo humano y de su influencia en la mente— y antropología práctica, interesada por el ser humano en cuanto agente moral libre y ciudadano del mundo.
En opinión de Watson, Kant puede ser considerado el gran preconizador del nativismo, el cual tendría posterior influencia en la psicología germana. A largo plazo promovió el desarrollo de futuras psicologías dirigidas más al subjetivismo y a la fenomenología, ya que sostuvo que los eventos eran apariencias. Paradójicamente, de acuerdo con Watson, también creó el deseo por hacer psicología experimental y matemática. Pero a corto plazo, sus pronunciamientos filosóficos acerca de la mente y la imposibilidad del experimento bloquearon el avance de la psicología rumbo a su conversión en ciencia experimental.
No obstante estos movimientos opositores al naturalismo, éste nunca fue sofocado. Hubo numerosos pensadores importantes que llevaron adelante el movimiento de la Ilustración. Entre éstos se encuentra Bentham (1748–1832), quien elaboró la doctrina motivacional del Utilitarismo. Bentham tuvo como seguidores a James Mill (padre; 1773–1836) y John Stuart Mill (hijo; 1806–1873), quienes siguieron desarrollando el utilitarismo y el asociacionismo. Comte (1798–1857) creó también el positivismo —epistemología que limita el conocimiento a lo inmediatamente observable—, que implica además una filosofía de la ciencia, de la historia y una religión. Se sabe la gran influencia que tuvo el positivismo en intelectuales y psicólogos norteamericanos. Los ejemplos más claros los tenemos personificados en Watson y Skinner.
Después de estos grandes pensadores y movimientos intelectuales, empieza a vislumbrarse el nacimiento de la psicología. La fusión de los movimientos descritos constituye el período de gestación de la psicología como ciencia individual.
III. Las Psicologías Fundacionales y sus Líderes
Pascal (1623–1662), en opinión de Leahey, puede ser considerado precursor de los existencialistas modernos por su énfasis en los sentimientos religiosos y en la inconsistencia, malestar e inquietud de la condición humana. También se le considera un agudo observador fenomenológico y uno de los primeros genios religiosos (Hirschenberger, 1961). Pero su aportación a la psicología es más notable, ya que estableció el símil mente humana–máquina de procesamiento de información (hoy computadora). Este concepto contribuyó a la aplicación que se hace actualmente del modelo cibernético a la psicología. En contraposición a Descartes, la diferencia entre el hombre y el animal no es la razón, sino el libre albedrío.
Spinoza (1652–1677) formuló una filosofía que identificaba a Dios con la naturaleza y preconizó una visión monista del ser humano. La mente no es algo separado del cuerpo, sino que es producida por procesos cerebrales; mente y cuerpo son una sola cosa. Su concepción psicológica presenta un notable parecido con la psicología experimental moderna, ya que abogó por una ciencia psicológica que desentrañara las causas de la conducta a través de los determinantes psicológicos y naturales. También se puede afirmar que anticipa a los teóricos modernos cognoscitivistas y del autocontrol, “pues aunque no somos libres, la acción y el pensamiento correctos dependen del control de las emociones corporales a través de la razón”.
El período de estos grandes pensadores de la Edad Moderna se vio enriquecido con la aparición de la tradición empirista británica, que resultó ser la antítesis de los racionalistas comentados. Los más importantes fueron los ingleses Hobbes y Locke.
Hobbes (1588–1679), considerado el primer empirista, enfatizó que todo conocimiento surge de la percepción sensorial. Su aportación más importante a la psicología fue considerar que el lenguaje y el pensamiento se hallan íntimamente relacionados y son quizá incluso idénticos. Esta posición resulta fundamental para actuales investigadores y terapeutas que sostienen que la forma como “uno se habla a sí mismo” y la forma como una persona se considera a sí misma y piensa de sí y de los demás determinan sus emociones y conductas (por ejemplo, Ellis, 1963; Beck, 1976; Meichenbaum, 1977).
Locke (1632–1704) fue, por su parte, el impulsor definitivo del empirismo. Su objeto de estudio es más el cómo que el qué del conocimiento mental. Leahey escribe: “Locke aportó, pues, el espíritu científico a la filosofía, extirpándole la metafísica, con el fin de asegurarse de lo que puede ser conocido empíricamente sobre la mente humana… A partir de él, el examen de la mente humana misma se vuelve importante, reemplazando a la especulación metafísica sobre lo que no puede ser conocido” (1982, p. 152).
A pesar de lo anterior, Locke no restó importancia a las facultades del pensamiento, al que concibió como un complejo dispositivo de procesamiento de información, preparado para convertir los materiales de la experiencia en conocimiento humano organizado; en este sentido, preludió también a los actuales modelos cibernéticos aplicados a la psicología.
Casi contemporáneo a los ingleses Hobbes y Locke, sobresale en Alemania el racionalista Leibniz (1646–1716). Con su teoría de las mónadas (infinitas entidades geométricas dotadas en cierta medida de vida y de algún grado de conciencia) y del paralelismo psicofísico, sentó las bases de la psicología wundtiana. También su corolario de que las mónadas muestran una tendencia a perfeccionarse a sí mismas, a actualizar su potencial, es un antecedente de las psicologías actuales del desarrollo, tanto biológicas como humanistas (vgr. Piaget, Rogers, Maslow). Para algunos autores, la teoría de Leibniz preludia también los conceptos psicológicos de inconsciente y grados de conciencia, fundamentales en la psicología gestáltica, humanista y en la psicología de Freud.
Después de los pioneros filósofos de la Edad Moderna aparecen otros científicos y movimientos ideológicos que han influido notablemente en las escuelas psicológicas contemporáneas. El acontecimiento clave, enfatiza Leahey, lo constituye el triunfo de la ciencia newtoniana sobre la antigua cosmovisión teológica de raíz medieval. Galileo, Kepler, Descartes y Newton impusieron la idea del orden matemático universal. Ya no se concebía al universo como un objeto de estudio en su acepción conceptual, sino como un objeto de estudio de casos concretos y descifrables matemáticamente. Aunada a esta influencia newtoniana, aparece en escena en pleno siglo XIX el revolucionario Charles Darwin.
El enfoque newtoniano tuvo un fuerte impacto sobre el filósofo inglés Hume (1711–1776). Hume extrapoló el enfoque newtoniano del universo al estudio del ser humano; basándose en Newton, aspiró a una ciencia de la naturaleza humana. Del mismo modo como Newton encontró las leyes del movimiento de las estrellas, Hume pretendía haber encontrado las leyes o principios de la naturaleza humana: según él, la asociación de ideas es el principio universal de la naturaleza humana. Para Hume, el espíritu o mente y los intricados fenómenos mentales no son más que un conjunto de asociaciones de ideas e impresiones surgidas de la experiencia y de las cuales comienza todo lo demás. Hume es considerado también un importante precursor de la psicología de la Adaptación: para él, el conocimiento es un hábito mental y apeló siempre a la continuidad que se da entre los hombres y los animales.
Casi contemporáneo a Hume, Hartley (1705–1757) funda un programa psicológico diferenciado llamado Asociacionismo: la asociación constituye la operación mental básica. A pesar de que Hartley publicó su trabajo después que Hume, aquel inició la elaboración del asociacionismo mucho antes que éste, por lo que se considera a Hartley su fundador. Hartley recibió fuerte influencia de Locke y Newton y procuró seguir de este último sus reglas y metodologías, retomando algunas de sus ideas sobre el funcionamiento fisiológico. Algo muy importante de estos conceptos es que, aparentemente, la ejecución de ideas y las vibraciones constituyen una ejecución paralela. Watson advierte que esta idea precedió a lo que hoy es llamado “paralelismo fisiológico”. También a largo plazo, comenta Leahey, este asociacionismo dio lugar al análisis de la conducta en términos de hábitos asociados —los nexos E‑R de Hull— o de acontecimientos en el tiempo (teoría de reforzamiento de Skinner).
También aparece en esta época el movimiento llamado “La Ilustración”. El movimiento fue dirigido por un conjunto de intelectuales (llamados en la actualidad “philosophes”) que se inspiraron en Newton y se fundamentaron en el empirismo de Locke y en la fisiología especulativa de Descartes. Los filósofos se opusieron vehementemente a los dogmas teológicos de la religión cristiana y abogaron siempre por la libertad intelectual. Este movimiento divorció aún más el estudio científico del ser humano de los dogmas religiosos.
Entre los “philosophes” más connotados se encuentran La Mettrie (1709–1751) y Helvetius (1715–1771). La Mettrie dio origen a lo que después se llamó “vitalismo” (la materia biológica es capaz de autogeneración y movimiento); preconizó una igualdad jerárquica del hombre y la naturaleza; y dejó abierta la puerta a un hedonismo integral, al proclamar que el objeto de la vida es ser feliz. Helvetius, por su lado, proclamó un ambientalismo a ultranza (todo lo que una persona llega a ser es el resultado del ambiente); postuló un principio del placer como impulso fundamental del hombre; y redujo todos los sentimientos, incluidos el amor y el altruismo, a la persecución egoísta del placer y a la evitación del dolor (Leahey, op. cit.).
Leahey también reseña la existencia de un movimiento de Ilustración alemán liderado por Thomasius (1655–1728), Tetens (1736–1807) y Herder (1744–1803). Thomasius y Tetens fueron verdaderos empiristas opositores de la metafísica. Herder, por su lado, enfatizó la absoluta singularidad de cada cultura viviente o histórica, por lo que se debían evitar los estilos y actitudes de épocas pasadas o imponer valores de una cultura a otra. Este pensador tuvo gran influencia en la psicología de Wundt.
En acuerdo con Leahey, Darwin (1809–1882) tuvo el gran mérito de convertir la evolución en una teoría científica, pertrechándola de un mecanismo: la selección natural.
Wundt (1832–1920), a quien se le considera padre de la psicología, unió académicamente a la filosofía y a la fisiología, y así nació la psicología como ciencia nueva e independiente. Sin embargo, en acuerdo con Leahey, la psicología fue fundada tres veces, cada una de las cuales dio lugar a una forma diferente de abordar los problemas de la disciplina.
La psicología fundacional de mayor importancia académica y raigambre universitaria fue la Psicología de la Conciencia o introspectiva, promovida por Wundt. El tema de estudio de esta psicología no tuvo mucha duración, pero su mérito es precisamente haber dado origen a la psicología institucional, reconocida como ciencia independiente.
Para Wundt, la psicología es la ciencia que estudia los hechos de la conciencia. Sus principales objetos de estudio son las sensaciones, las ideas, el voluntarismo y las apercepciones. Su método de estudio es la introspección. Los principales estados de conciencia son las sensaciones y los sentimientos, aspectos simultáneos de la experiencia inmediata. Los sentimientos son los componentes subjetivos de las sensaciones y corresponden a los estados de conciencia en sí mismos. Cuando las sensaciones y los sentimientos se combinan, se forman las ideas y las percepciones; y cuando los procesos ideacionales se combinan con los sentimientos, resultan las emociones.
Importante también es el proceso de apercepción, que constituye la base de todas las formas superiores de pensamiento, como el razonamiento y el lenguaje, y es responsable de la síntesis activa de los elementos en conjunto y de las actividades superiores de análisis y juicio. El voluntarismo es primeramente un proceso afectivo. Los sentimientos son factores determinantes del voluntarismo, de modo que éste no será operativo a menos que ellos estén presentes.
A pesar de que Wundt es considerado padre de la psicología, su escuela no trascendió y terminó siendo una psicología incomprendida y poco estudiada. Sin embargo, estudios contemporáneos han empezado a demostrar que Wundt tiene relevancia actual. Los psicólogos cognitivos han reinstituido a los procesos mentales como su principal objeto de estudio y están redescubriendo muchos de los fenómenos mentales básicos estudiados originalmente por Wundt.
En el resumen anteriormente expuesto se pueden reconocer algunos postulados básicos hoy asumidos por los teóricos cognitivos. Por ejemplo, el supuesto de que toda emoción se asocia con una idea o cognición. En las reseñas e historias de la psicología consultadas se advierte que Wundt siempre se preocupó por fundamentar sus hipótesis con observaciones y experimentos controlados, con lo que también confirió a la psicología su carácter científico.
La psicología fundacional que ha alcanzado hasta la actualidad mayor fama a nivel popular y entre los escritos de divulgación es la Psicología del Inconsciente de Freud (1856–1939). En palabras textuales de Leahey, “Freud no pudo convencer a los psicólogos científicos, pero conquistó la mentalidad popular”. Esto se refleja en la influencia que ha tenido Freud en distintas esferas de la civilización occidental, desde la educación, pasando por la literatura, hasta la filosofía.
La teoría freudiana ha sido expuesta en numerosos tratados, por lo que se considera innecesario presentarla con profundidad en este contexto. Aquí sólo se describen brevemente sus principales conceptos y modelos.
Por psicoanálisis se entiende un medio de investigación clínica, un método de tratamiento y una teoría de la personalidad. De importancia en el desarrollo de la psicología fue sobre todo esta última. La teoría de la personalidad freudiana se caracteriza por su determinismo psíquico: toda conducta está motivada por uno o más instintos fisiológicos innatos, principalmente el sexual.
Originalmente, Freud concibió la estructura de la personalidad en términos de consciente, preconsciente e inconsciente, según el grado de conciencia del individuo sobre sus experiencias y conductas. El rol más importante en la vida del individuo lo juega el inconsciente. Posteriormente, Freud dio un mayor énfasis dinámico a su teoría y desarrolló los tres componentes estructurales de la personalidad: el Ego, que representa el principio de realidad y actúa como ejecutivo de la personalidad; el Id, que corresponde a los instintos e impulsos; y el Superyó, que representa las figuras y principios de autoridad.
El curso de desarrollo de estas estructuras lo llevó a elaborar su teoría psicosexual del desarrollo. En ella, Freud propone cinco estadios (Oral, Anal, Fálico, Latente y Genital) por los que el individuo pasa durante su desarrollo infantil, cada uno con importantes implicaciones para la personalidad. La forma como el infante resuelve las primeras etapas —durante los cinco primeros años de vida— tendrá una influencia decisiva en su personalidad adulta.
En acuerdo con varios científicos, el principal problema del psicoanálisis es haberse mantenido al margen de la psicología académica y experimental. También poco de lo que legó Freud es completamente original; su originalidad estriba más bien en la síntesis y utilización de ideas antiguas. Por ejemplo, Schopenhauer y Nietzsche, así como los poetas románticos, fueron fuentes primarias para Freud en la elaboración de su teoría de los instintos. Del mismo modo, Freud tomó el concepto de inconsciente de autores como Herbart, Brentano, Leibniz y Hartman. También su idea de energía sexual —la libido— era una combinación de moralidad victoriana, física y hedonismo utilitarista.
Quizá la principal crítica académica que se ha levantado contra la teoría freudiana estriba en que sus hipótesis o postulados básicos son poco susceptibles a la investigación científica, más aún a la experimentación, y muchos de ellos no han podido ser validados experimentalmente. Uno de sus aspectos más positivos es haber impulsado el desarrollo de la psicología clínica y la psicoterapia.
Una tercera fundación de la psicología, la más importante entre los psicólogos académicos, estuvo a cargo de la psicología de la Adaptación. Spencer, Galton y James, entre otros, fundamentados en la teoría de la Evolución de Darwin, postularon que el principal problema de la psicología consiste en el estudio biológico de la utilidad de la mente y la conducta. La psicología de la Adaptación comenzó siendo un estudio introspectivo de la actividad misma, es decir, de la conducta. A partir de este viraje de perspectivas surgió el conductismo, la psicología académica más importante del siglo XX (Watson, op. cit.; Leahey, op. cit.).
Spencer (1820–1903) integró no sólo el asociacionismo y la fisiología sensoriomotriz, sino también la evolución lamarckiana, por lo que a su psicología se le conoce con este nombre (Leahey, op. cit.). Spencer intentó deducir las leyes de la asociación a partir de la constitución sensoriomotora del sistema nervioso y del cerebro, y llevó a cabo una descomposición sucesiva de los fenómenos más complejos de la inteligencia en otros más simples. La característica principal de su teoría fue suponer que los hábitos adquiridos podían ser transmitidos por medio de la herencia. En este punto, sin embargo, los genetistas no han podido demostrar tal transmisión (Watson, op. cit.).
La influencia de Spencer en la psicología anglonorteamericana fue contundente. No sólo anticipó a la psicología de la Adaptación, sino que sus postulados centrales han sido piedras angulares de esta psicología.
De acuerdo con Leahey, Galton (1822–1911) no puede ser considerado psicólogo en el mismo sentido que Wundt, Titchener o Freud, pues sus investigaciones fueron tan variadas y eclécticas que en conjunto no componen un programa de investigación. Pero ideó toda una serie de métodos importantes utilizados por la psicología de la Adaptación. Por ejemplo, fue el primero que empleó sistemáticamente la estadística en los datos psicológicos y descubrió el coeficiente de correlación. También generalizó los tests mentales y fundó el primer centro de medición mental.
Sin embargo, Galton posee un grave déficit en su contra. Desarrolló un programa de investigación denominado Eugenesia. La tesis central de la Eugenesia es que las características mentales son heredadas en la misma forma y en la misma tasa que las físicas. Este programa consistía en la crianza selectiva de seres humanos orientada a mejorar la especie. Así, él proponía producir una raza de hombres altamente dotada mediante adecuados matrimonios durante varias generaciones consecutivas. Este programa fomentó el enfoque innatista de la inteligencia, las discriminaciones raciales y la creencia de que existen genéticamente razas superiores.
William James (1842–1910) es considerado el primer gran psicólogo norteamericano. No obstante haber sido un brillante filósofo, fue el principal promotor del pragmatismo y del empirismo radical (Watson, op. cit.). James fue notoriamente influido por Darwin, de quien tomó la idea de utilidad para generalizarla al conjunto de la vida humana. Según James, las ideas verdaderas son aquellas que podemos asimilar, validar, corroborar y verificar; falsas son las ideas no susceptibles de esto. La aportación más importante de James al pragmatismo de la psicología norteamericana fue su libro Principios de Psicología. Esta obra inspiró a los estudiosos estadounidenses a la creación de una psicología más utilitaria y práctica (Leahey, op. cit.).
James otorgó gran importancia a la conciencia, pero pensaba que su función —y no su contenido— era lo más importante en ella. La función más importante de la conciencia es elegir, por lo que rechazó el mecanicismo o teoría del automatismo. Rechazó también el dualismo en favor del paralelismo psicofisiológico, aunque se le critica su ambigüedad en la teorización a este respecto.
Sin lugar a dudas, James es el padre de la psicología norteamericana y una de las piedras angulares de la psicología fundacional de la Adaptación. Su obra Principios de la Psicología fortaleció al funcionalismo y preludió al conductismo. Por ejemplo, en esta obra James afirma que “no se produce ninguna modificación mental que no vaya acompañada o seguida de un cambio corporal” y que “todo el aparato nervioso no es sino una máquina para convertir los estímulos en reacciones” (Leahey, op. cit.).
La psicología de la Adaptación cristalizó en varias escuelas experimentalistas y conductistas norteamericanas. Sin embargo, el cientismo y positivismo a ultranza de éstas han impedido en cierta medida el avance de algunas ramas de la psicología (vgr. Psicología Clínica) y el estudio científico de aspectos más ignotos para el ser humano, como sus sentimientos y emociones. Esto ha provocado también divisiones y descalificaciones inútiles dentro del seno de la psicología, lo cual ha frenado su desarrollo. Actualmente, se han redefinido y ampliado las posturas conductual y experimental, lo que está fructificando en la creación de modelos más holísticos sobre el ser humano y en la unificación de métodos y estrategias de estudio e investigación dentro de la Psicología.
Se puede decir que la psicología actual es el fruto del desarrollo de las tres psicologías fundacionales. Sin embargo, en el tiempo transcurrido desde la triple fundación de la psicología a la fecha, han existido eminentes psicólogos que han contribuido a dar su configuración a la psicología actual. Se considera que revisar a los principales psicólogos contemporáneos amerita cuando menos el mismo espacio que el que se les ha brindado a sus antecesores. Por lo mismo, este material será objeto de otro artículo.
Para concluir, se elaboró el siguiente cuadro que sirve de guía y síntesis de la información vertida en este trabajo.
Referencias Bibliográficas
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