Por el Dr. Emilio Zermeño Torres
La inteligencia racional o académica ha sido considerada en occidente, sobre todo en nuestro medio educativo, como el parámetro para calificar a una persona como lista o inteligente, o como tonta o torpe mentalmente. Inteligencia, desde esta perspectiva, es entonces un conjunto de capacidades mentales que permiten manejar la información abstracta en forma exitosa. Es decir, alguien es inteligente, de acuerdo con este criterio, en la medida en que despliega habilidades de razonamiento y capacidades numéricas y verbales. Estas habilidades se suelen medir y cuantificar mediante pruebas o test de inteligencia.
Sin embargo, este concepto tradicional de inteligencia excluye automáticamente otras formas de conducta inteligente. ¿Cómo sería considerado entonces el comportamiento de un esquimal que sabe perfectamente cómo orientarse y sobrevivir en un medio tan hostil? ¿Cómo el de un cazador sudafricano que sabe muy bien cómo atrapar a su presa? ¿Y cómo el de un jugador de basquetbol que aprovecha sus habilidades físicas para lograr la victoria? Existen otros casos asombrosos documentados por psicólogos que también nos hacen reflexionar sobre la diversidad de acepciones que puede tener el concepto de inteligencia. Por ejemplo, el de Leslie Lemke, ciego, lisiado por parálisis cerebral y clasificado con un retraso mental severo, pero con una habilidad asombrosa para interpretar música al piano, incluso clásica.
Todos estos bemoles mencionados en el estudio de la inteligencia nos dicen que, a pesar de que ha habido muchos intentos por definirla, aún no hay, y probablemente no habrá, un acuerdo entre los psicólogos para definirla unánimemente. No obstante, psicólogos modernos se han dado a la tarea de entenderla en términos más amplios. En esta ocasión describimos brevemente el punto de vista de Robert Sternberg.
Sternberg habla de la inteligencia como una tríada de tres capacidades:
- La inteligencia componencial, que es la capacidad de adquirir conocimientos y resolver problemas.
- La inteligencia experiencial, que implica la capacidad de adaptarse de manera creativa a situaciones novedosas y emplear el insight.
- La inteligencia contextual, que es la capacidad de seleccionar los contextos de modo que magnifiquen las propias capacidades y compensen las debilidades.
Plasmándolo de forma más pragmática, la inteligencia componencial estaría representada en un estudiante con alto coeficiente en las pruebas de inteligencia y altas calificaciones en la universidad, que no necesariamente le garantizan el éxito laboral. La inteligencia experiencial caracteriza a un estudiante mediocre durante sus estudios universitarios, con puntajes relativamente bajos o medianos en pruebas de inteligencia, pero con capacidad creativa y alto rendimiento en el trabajo. La inteligencia contextual la representaría el estudiante con puntajes buenos en ciertas áreas de inteligencia (como el área verbal), pero también con puntajes bajos en otras (por ejemplo, habilidad numérica). En este caso, el estudiante sabe qué trabajo elegir para dar su máximo rendimiento y procura asesorías para entender mejor las matemáticas.
Este tipo de inteligencia es el que ha sido más descuidado. Implica que la persona adquiere la habilidad de alcanzar sus propios objetivos mediante la comprensión y adaptación a los valores que gobiernan el comportamiento en situaciones específicas. En este sentido, el estudiante inteligente es aquel que conoce cuáles son sus talentos y habilidades y busca la escuela adecuada donde pueda desarrollarlos y recibir reconocimiento.
La próxima ocasión continuaré bosquejando otros modelos que se han desarrollado en aras de entender mejor este intrincado concepto de inteligencia. Pero, en este momento, ¿en qué tipo de inteligencia te ubicas? La respuesta a esta pregunta resulta importante porque, en la medida en que conozcas mejor tus habilidades y deficiencias, podrás explotarlas o, en su caso, compensarlas.